¿Es posible la democracia en Birmania?


Para millones de personas en Birmania y para los seguidores de Aung San Suu Kyi en todo el mundo, las elecciones del pasado domingo 8 de noviembre parecen ser la culminación de un anhelado sueño. La Liga Nacional para la Democracia (NLD) ha vuelto a ganar las elecciones por una apabullante mayoría, terminando así con 50 años de gobierno militar, parece que la democracia por fin ha llegado. ¿O no?

Los generales no se han despertado de repente un buen día creyendo en la democracia. Querían terminar con las sanciones y el aislamiento internacional, pero no querían ceder el control del país. Los militares sabían que no podían ganar las elecciones. La Liga Nacional para la Democracia (NLD) es demasiado popular. ¿Cuál fue su solución? Una nueva constitución descafeinada con apariencia de democracia, que continua permitiéndoles controlar el país en última instancia.

Los generales desprecian y temen a Aung San Suu Kyi.

El nuevo parlamento tomará posesión de los escaños, pero el 25% del total están reservados y son designados directamente por los militares, que además elegirán a los dos vicepresidentes que serán por supuesto militares. Los generales desprecian y temen a Aung San Suu Kyi. Pusieron una cláusula en la constitución que prohíbe ser presidente a cualquiera que tenga hijos o familiares directos extranjeros, como es el caso de Suu Kyi, para evitar que ésta pueda presidir el país.

Los militares también tienen el poder de elegir ministros cuyas carteras son clave para la gobernabilidad del país, como el Ministro de Defensa, Interior, y de Fronteras que, con toda seguridad, serán militares en activo. Esto coloca a las fuerzas armadas fuera del control del nuevo gobierno, que tampoco controlará a la policía, al poder judicial, a la agencia de seguridad nacional, ni tendrá competencias en los asuntos concernientes con las minorías étnicas y sus guerrillas.

En términos de derechos humanos es un completo desastre. El ejército birmano ha cometido horribles violaciones de los derechos humanos contra las minorías étnicas. Las violaciones masivas son utilizadas como armas de guerra, los campesinos son torturados y ejecutados, y las aldeas son bombardeadas y quemadas. Los informes de los expertos confirman que los abusos que se llevan a cabo encajan perfectamente con la definición de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. El nuevo gobierno no tendrá ningún poder para parar estos crímenes.

El asunto de los presos políticos tampoco se solucionará. Durante la campaña electoral se encarceló a gente por publicar en Facebook posts que no gustaron a los militares. Al no poder controlar a la policía ni crear una verdadera judicatura independiente, el nuevo gobierno estará paralizado; la gente seguirá siendo encarcelada por sus acciones y creencias políticas.

El nuevo gobierno tampoco podrá disponer del presupuesto militar para intentar someter al ejército. El ejército establece su propio presupuesto y el gobierno tiene que apañarse con el dinero que sobre. No sorprende entonces que el gasto militar supere por mucho el presupuesto para educación y sanidad juntos.

Por si acaso al nuevo gobierno se le ocurriese implementar políticas que no fueran del agrado del ejército, la constitución establece que tanto el parlamento como el gobierno están por debajo del llamado Consejo Nacional de Seguridad y Defensa,  constitucionalmente el estamento más poderoso en Birmania. Cuenta con 11 miembros, 6 de los cuales provienen del ejército, por lo que disponen de una mayoría integrada que puede invalidar cualquier resolución tomada por el gobierno de la NLD.

Como si todos estos controles sobre el poder del gobierno no fueran suficiente, los militares también introducen cláusulas en la Constitución que le dan el derecho de retomar el poder por vagas e indeterminadas razones en pos de la “seguridad y la unidad nacional” lo que significa básicamente que pueden retomar el poder cuando les de la gana.

Tras estas premisas no es de extrañar que la principal prioridad para Aung San Suu Kyi y la NLD sea la reforma de la constitución. Los generales lo saben y es entonces cuando el 25% de los asientos en el parlamento entran en juego. Para cambiar la Constitución se necesita el apoyo de mas del 75% de la cámara, lo que significa que los militares pueden vetar cualquier intento de reforma constitucional, no cambiara nada a menos que ellos quieran.

Esto no es democracia y, por supuesto, no es aceptable.

A pesar de todos estos problemas, tener un gobierno de la NLD, aunque paralizado, será sin duda alguna mejor que lo que hubo antes. Pero esto no es democracia, y por supuesto no es aceptable. No se puede describir como un paso más en un proceso de transición, ya que según la Constitución, no son posibles nuevos pasos hacia una verdadera democracia.

Birmania tiene ahora un sistema híbrido entre militar y democrático, es de facto una democracia tutelada por el ejército, lo cual puede ser suficiente para una gran parte de la comunidad internacional que continúa tutelando a la población birmana diciéndoles que estas cosas llevan su tiempo y que ninguna transición se hace de un día para otro, pero esto no es suficiente para la población birmana. En los países occidentales, una situación en la que el ejército no se somete al control del parlamento y que además ocupan los ministerios clave, se consideraría completamente inaceptable, por lo que es igual de inaceptable en Birmania.

Una transición larga y lenta significa más años de violaciones de los derechos humanos, más mujeres violadas por el ejército, más presos políticos y más aldeas arrasadas. Las víctimas de abusos contra los derechos humanos no pueden esperar a una transición lenta. Necesitan una verdadera democracia, y la necesitan ahora. Para ellos es, literalmente, una cuestión de vida o muerte. No es tiempo de celebrar nada todavía.

Artículo publicado y traducido de http://www.huffingtonpost.com/mark-farmaner/burma-election-democracy_b_8505384.html

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