“Me fui muy feliz”, por Paula González

Cuando decidí incluir Mae Sot en mi viaje por el Sudeste asiático, no encontré mucha información sobre qué hacer en la ciudad. Sin embargo, me bastó con hacer un clic en un enlace que descubrí mientras leía uno de mis blogs de viajes favoritos, para tener la mayor motivación de visitar la ciudad.

El enlace me condujo a Colabora Birmania, una ONG española que nació el 2009, con el fin de ayudar a los ninos birmanos que huyeron de la dictadura de su país y se asentaron en Mae Sot en busca de una vida mejor. Mediante la creación de diferentes proyectos, especialmente construcción y manutención de escuelas, Colabora Birmania ha brindado la posibilidad de escolarización a muchos niños y niñas de las familias desplazadas, y hoy en día son más de 700 niños los que se benefician cada año.

Me conmovió mucho toda la información que leí, tanto de la situación birmana como de la iniciativa por parte de la ONG, así que me propuse averiguar si existía la posibilidad de visitar alguno de los proyectos y ver la forma de poder ayudar. ¡Y así fue! Lamentablemente, ningún español se encontraba en Mae Sot cuando fui, pero me pusieron en contacto con el Asistente de Proyectos local, quién estuvo a cargo de organizar mi visita a dos escuelas. La primera fue a la Guardería Chicken School, donde los niños figuraban muy concentrados y participativos en sus clases, por lo que no tuve la oportunidad de interactuar mucho con ellos! Sin embargo, no faltaron esos ojos curiosos y sonrisas, que tanto caracterizan a la población birmana, para irme con el corazón contento. La segunda visita fue a la Escuela KM42, que cuenta con una infraestructura bastante mayor que la Chicken School, ya que acoge a más alumnos y profesores! Al llegar, algunos niños se encontraban en recreo, e independiente de lo que estuvieran haciendo, al vernos pasar se detenían un segundo para saludarnos con un respetuoso “mingalabar”. Mientras jugaban y corrían felices por el recinto, fue el momento ideal para tomarles algunas fotos y compartir con ellos. A muchos les gustaba posar, pero más aún, les encantaba ver el resultado y resplandecían de emoción cuando veían la foto desde la cámara. Me fui muy feliz al ver que algo tan sencillo como una foto pudiera entregarles un momento de tanta alegría, y de saber que gracias al trabajo brindado por Colabora Birmania, estos niños podrán optar por un futuro mejor.

Por Paula González Knop

 

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